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Uno de los retos que se ha planteado en torno a Internet desde que comenzó a popularizarse es la forma de ordenar la información disponible, que no cesa de crecer. El éxito inicial de los directorios ha dado paso a una época en la que los buscadores han ganado un protagonismo quizá desmesurado (el de Google es un caso paradigmático).

Los directorios podrían definirse como bases de datos que agrupan los enlaces guiándose por una clasificación temática. Son muchas las categorías, podría decirse que cada directorio ofrece una combinación propia, y existen también los directorios temáticos o especializados.

Los buscadores, en cambio, ofrecen distintos resultados para cada búsqueda concreta después de valorar una serie de factores; sus “sugerencias” se confunden en ocasiones con la publicidad, una de las fuentes de ingresos de los motores de búsqueda.

Ninguna de las dos formas de ordenar la información es perfecta, aunque los buscadores ofrecen más confianza y gozan de más credibilidad. Los directorios, con su estética 1.0 y sus aburridos listados, pierden terreno a pasos agigantados. En los últimos años han surgido herramientas que combinan características de ambos modelos; el mejor ejemplo es del.icio.us, un directorio con un buscador interno que da mucho peso al factor social, un buscadirectorio 2.0.